El futuro Pío IX capeó el pampero frente a Maldonado en 1823
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5/11/2026, 8:22:28 p. m.
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Resumen
El 27 de diciembre de 1823 el bergantín sardo Eloísa pasó frente a Maldonado con Giovanni Maria Mastai Ferretti a bordo, el canónigo que en 1846 sería elegido papa como Pío IX, y que anotó el episodio en su diario de viaje. La nave integraba la primera misión pontificia enviada a Sudamérica, rumbo a Chile, y un pampero la obligó a esperar frente a la costa. Después de ocho meses en Chile, Mastai se alojó diez semanas en Montevideo, donde confirmó a más de once mil personas y pidió quedarse a misionar en la campaña.
Según informa Diario Correo de Punta del Este, a las ocho y media de la mañana del 27 de diciembre de 1823 un marinero del bergantín sardo Eloísa gritó «tierra» y hacia las siete de la tarde la tripulación ya tenía delante la isla de Lobos, con sus lobos marinos. A bordo viajaba un canónigo romano de 31 años que anotó que el agua tenía un verde sucio y que el puerto de Maldonado quedaba a unas doce millas de la isla: se llamaba Giovanni Maria Mastai Ferretti y en 1846 sería elegido papa como Pío IX, el «Pío Nono» de la memoria popular. Habían salido de Génova 83 días antes. El registro de ese paso frente a las costas de Maldonado es la Breve relación del viaje a Chile, el diario que Mastai escribió durante la travesía y que el mercedario Carlos Oviedo Cavada tradujo del manuscrito vaticano; esa versión salió en 1961 en la revista Historia, de la Universidad Católica de Chile. Con ese texto y con la crónica del secretario de la misión, José Sallusti, el artículo reconstruye las jornadas que el futuro Papa pasó a la vista de la isla de Maldonado —hoy isla Gorriti— y luego en la bahía de Montevideo.
El derrotero no era casual. Mastai se había sumado como secretario a la primera misión pontificia enviada a Sudamérica, pedida por el gobierno de Chile —que mandó a Roma a José Ignacio Cienfuegos— y encabezada por Giovanni Muzi, arzobispo de Filipos y vicario apostólico. Salieron de Roma el 3 de julio de 1823 y de Génova el 5 de octubre, con Chile como destino: ese viaje explica por qué el Eloísa pasó frente a Maldonado. El clima hizo el resto. En vísperas de Navidad un pampero zarandeó la nave durante días —Mastai lo anotó como «la tempestad más fuerte desde la salida del puerto de Génova»— y, según cuenta Sallusti en su Storia delle missioni apostoliche dello Stato del Chile (Roma, 1827), la noche del 27 la pasaron frente a Maldonado sin poder avanzar. El secretario creyó ver tres islas: la de Maldonado, la del Pan de Azúcar y la de las Ánimas; acertó a medias, porque las dos últimas son cerros de tierra firme. Dos días después, junto a la isla de Flores, otro pampero los sorprendió: hubo que cortar los cables de las anclas y el viento los devolvió mar afuera.
Quien anotaba todo eso había nacido en Senigallia, en los Estados Pontificios, el 13 de mayo de 1792, y era sacerdote desde 1819; dirigía en Roma el hospicio de huérfanos Tata Giovanni cuando se sumó a la misión. La escala previa en Génova, mientras esperaban barco, tuvo un episodio que el artículo destaca: allí murió Pío VII y lo sucedió León XII, el cardenal Della Genga, que había propuesto a Mastai para el viaje. Antes de cruzar el Atlántico, las autoridades españolas los encerraron unos días en el lazareto de Palma de Mallorca, porque España no reconocía a Chile.
El paso frente a Maldonado fue apenas el comienzo de un vínculo más largo. El Eloísa entró en la bahía de Montevideo a las nueve de la mañana del 1 de enero de 1824 —la ciudad, capital de la Provincia Cisplatina, acababa de pasar de manos portuguesas a las del emperador del Brasil, y 6.000 soldados imperiales acampaban fuera de los muros—. Allí el comandante del puerto quiso que Muzi bajara a confirmar y el clero subió a bordo a contarle sus apuros, porque Montevideo dependía de la diócesis de Buenos Aires y llevaba sin obispo desde 1812. Mastai, por lo que se desprende del diario, se quedó en el barco: lo que anotó de la ciudad —el lujo de las mujeres, por ejemplo— se lo contaron los que bajaron. Tras ocho meses de desencuentros con el gobierno chileno, la misión zarpó de Valparaíso el 30 de octubre de 1824 y el 4 de diciembre, a las nueve de la mañana, estaba otra vez en Montevideo, donde se quedaría hasta el 18 de febrero de 1825. Los recibió en su casa el cura y vicario Dámaso Antonio Larrañaga, naturalista e impulsor de la Biblioteca Pública inaugurada en 1816, de quien Mastai anotó que era partidario de la independencia; una tradición que recogió el jesuita Guillermo Furlong Cardiff en La misión Muzi en Montevideo (1824-1825), de 1937, ubica en cambio al canónigo en la casa de Manuel Ximénez, frente a las Bóvedas. La ciudad no veía un obispo desde hacía casi veinte años: Muzi, con Mastai a su lado, confirmó a más de once mil personas y el 8 de diciembre celebró de pontifical la fiesta de la Purísima Concepción, patrona de la Iglesia Matriz. El Cabildo le pidió consagrar un obispo para la provincia —pensaban en Larrañaga—, pero no tenía facultades. Mastai escribió que Montevideo merecía ser diócesis y confesó en el diario un deseo: quedarse a misionar en la campaña. Muzi no se lo permitió. Se fueron el 18 de febrero, a las tres de la tarde, despedidos en el puerto por una multitud que lloraba y por cuatro jóvenes de Buenos Aires a quienes Muzi acababa de ordenar sacerdotes. La carrera posterior de Mastai lo llevó a la silla de Pedro: fue elegido papa el 16 de junio de 1846 y gobernó como Pío IX hasta el 7 de febrero de 1878, en el pontificado más largo después del de San Pedro; en 1854 proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, la advocación de la Matriz montevideana, y convocó el Concilio Vaticano I, y fue beatificado en 2000. Montevideo tampoco lo olvidó: en 1847, según la prensa romana, Salvador Ximénez lloró al reencontrar en el pontífice al canónigo afable que había conocido de niño en la casa paterna. El artículo cierra con la actualidad: León XIV llega al Uruguay más de dos siglos después, como el segundo pontífice en ejercicio que lo visita, tras Juan Pablo II.
Las voces que sostienen el relato son del siglo XIX. A las anotaciones del propio Mastai —el verde sucio del agua, la tempestad, los pescados insípidos, las hormigas y los mosquitos, la incredulidad ante el granizo de hasta tres libras que le contaron había caído en octubre— se suma la carta que el canónigo envió el 5 de mayo desde Gibraltar al cardenal secretario de Estado, Julio María della Somaglia: «La iglesia matriz es la mejor que he visto en la América». También aparece la mirada de Sallusti, que describió los dos pamperos y la maniobra de cortar los cables de las anclas, y la de Furlong Cardiff, que décadas después discutió en qué casa de Montevideo se alojó la comitiva.
Documentos y fuentes
- Artículo «1823: el futuro Pío IX frente a Maldonado», publicado por Diario Correo de Punta del Este (jerarquía 4, verificada)
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Mencionados en esta nota: Carlos Oviedo Cavada, Dámaso Antonio Larrañaga, Giovanni Maria Mastai Ferretti, Giovanni Muzi, Guillermo Furlong Cardiff, Iglesia Católica, Isla Gorriti, Isla de Lobos, José Sallusti, León XIV, Maldonado, Montevideo