Cómo un coronel y cuatro inversores convirtieron los médanos de Las Delicias en el bosque de Pinares
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18/10/2026, 4:41:43 p. m.
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Resumen
La Sociedad Anónima Pinares de Maldonado nació de un proyecto que el coronel Francisco Mancebo Osorio imaginó en 1904 para fijar los médanos de Las Delicias y que tardó algo más de veinte años en cubrir de pinos marítimos la costa entre Las Delicias y la Laguna del Diario. Sobre ese bosque se levantó después el barrio Pinares. La historia fue reconstruida por el capitán de navío Noel A. Mancebo Rojas en una crónica publicada hace más de medio siglo en el desaparecido diario El Día, que reproduce Diario Correo de Punta del Este.
Según informa Diario Correo de Punta del Este, la Sociedad Anónima Pinares de Maldonado surgió de un proyecto que el coronel Francisco Mancebo Osorio imaginó en 1904 y que terminó convirtiendo en bosque de pinos marítimos los arenales que iban de Las Delicias a la Laguna del Diario, el mismo territorio sobre el que décadas después se levantó el barrio Pinares. El medio reproduce una crónica publicada hace más de medio siglo en el desaparecido diario El Día y firmada por el capitán de navío Noel A. Mancebo Rojas, que reconstruye esa historia desde la primera plantación hasta el reconocimiento que la enseñanza agronómica de la época le dio al emprendimiento. La crónica ubica el punto de partida en la guerra civil de 1904, cuando la zona de Las Delicias era el campo de maniobras de la División N.º 4 de Guardias Nacionales, con asiento en Maldonado, y el jefe de su Estado Mayor, el coronel Mancebo Osorio, imaginó allí un bosque de pinos. Con la paz, el país volvió a la normalidad, regresó el crédito y apareció, según el relato, un clima de optimismo emprendedor que permitió llevar la idea a la práctica.
A comienzos del siglo XX, los alrededores de Maldonado que miran hacia el pampero eran un enorme arenal. El viento movía los médanos que cubrían la zona de Las Delicias, lo que complicaba el tránsito y no dejaba levantar ninguna obra estable; cuando soplaba el viento sur, la arena castigaba a la ciudad. Un vecino de entonces, citado por el autor, decía que la arena voladora le pulía «los cantos a la ciudad». La única forma de fijar las dunas era plantar árboles en toda esa extensión. El texto advierte que en aquellos años la idea tenía mucho de aventura: había que poner tiempo y dinero en una empresa de resultado incierto, con beneficios que llegarían, en el mejor de los casos, después de una larga espera, y para el sentido común de la época era un idealismo fuera de lugar. Mancebo Rojas sostiene que una obra así necesita a alguien que la haga propia y la empuje con entusiasmo y energía contra lo que la naturaleza parece imponer.
El coronel llevó su proyecto a Montevideo y lo defendió con insistencia durante mucho tiempo, hasta interesar a un grupo de amigos: Juan Giuria y los hermanos Adolfo y Pedro Mondino, corredores de Bolsa, y el comerciante Ignacio Errea, que aportaron el primer capital para comprar un amplio predio en la zona y las herramientas necesarias para empezar. Según la crónica, uno de esos primeros inversores, Juan Giuria, es bisabuelo de la empresaria inmobiliaria Magdalena Giuria, propietaria de la inmobiliaria del mismo nombre de Punta del Este. Con los años la empresa sumó tierras y capital y se constituyó como Sociedad Anónima Pinares de Maldonado. El relato enmarca la obra en el espíritu de su tiempo: los libros, las cátedras, la prensa y las tribunas políticas pedían con insistencia que se fomentara la forestación, por razones económicas pero también por un ideal de belleza de la época. Cada 15 de agosto se celebraba el Día del Árbol y los escolares salían con sus maestros a plantar árboles mientras cantaban el himno al árbol de Juan Zorrilla de San Martín; antes de plantar, los docentes les explicaban que el árbol regula el clima y que los bosques frenan la erosión de los campos y protegen los cursos de agua.
El trabajo duró algo más de veinte años y, al terminar, los pinos marítimos cubrían toda la costa entre Las Delicias y la Laguna del Diario, el mismo territorio que hoy rodea de verde a la ciudad. La técnica usada en la forestación interesó a la enseñanza oficial: en 1912 profesores y alumnos de la Escuela de Agronomía hicieron una larga visita de estudio al establecimiento, y en 1916 llegaron los docentes y estudiantes del Instituto Nacional de Agronomía, cuando las plantaciones todavía avanzaban sobre la costa de la bahía de Maldonado. Según Mancebo Rojas, las notas de agradecimiento que los directores de los dos institutos enviaron al director del establecimiento decían que lo visto en el terreno completaría lo aprendido en las aulas, y una de ellas afirmaba que la carrera agronómica, «causa nacional y de progreso», le debía al coronel un esfuerzo destacado. Por esos reconocimientos, la Comisión de Defensa Agrícola lo nombró miembro de la Comisión de la Zona de Maldonado. La crónica sostiene además que los bosques artificiales en tierras que no servían para otra actividad agraria empezaron en las costas de Maldonado, por el tipo de suelo de la zona, y que el ejemplo de los pioneros se copió en otros lugares con buenos resultados; más de un siglo después de las primeras plantaciones, el nombre de la empresa sigue vivo en el barrio Pinares.
La voz que sostiene todo el relato es la del capitán de navío Noel A. Mancebo Rojas, autor de la crónica original, que describe la obra como una aventura de resultado incierto y sostiene que necesitó a alguien capaz de empujarla con entusiasmo y energía contra lo que la naturaleza parecía imponer. El texto también recoge la valoración de los directores de la Escuela de Agronomía y del Instituto Nacional de Agronomía, que en sus notas de agradecimiento escribieron que lo visto en el terreno completaría lo aprendido en las aulas y que la carrera agronómica, «causa nacional y de progreso», le debía al coronel un esfuerzo destacado. Cierra con un recuerdo del señor Jaureguiberry, que le contó al autor que aprendió a mirar con simpatía aquel trabajo después de ver «con qué devoción y fe» trabajaban los primeros plantadores de pinos en las dunas de Maldonado.
Documentos y fuentes
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Mencionados en esta nota: Adolfo Mondino, Francisco Mancebo Osorio, Ignacio Errea, Juan Giuria, Laguna del Diario, Las Delicias, Magdalena Giuria, Maldonado, Noel A. Mancebo Rojas, Pedro Mondino, Sociedad Anónima Pinares de Maldonado, barrio Pinares